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Los mercedarios tenemos como maestro y modelo a Cristo Redentor que con su muerte nos ha liberado de toda esclavitud y estamos dispuestos a seguirlo sacrificando hasta la propia vida en el ejercicio del ministerio redentor .

Por su intervención en el principio y vida de la Orden que lleva su nombre, los Mercedarios llamamos a María MADRE DE LA MERCED y la veneramos como inspiradora de su obra de redención. Ella es madre de los cautivos a los que protege como hermanos queridos de su Hijo, y es igualmente madre de los redentores al ofrecer libertad a los cautivos, pues anima y promueve así la misión del Señor que “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”. Contemplando a María descubrimos el sentido de nuestra espiritualidad y la urgencia de nuestra acción apostólica.
(COM Nro.7)

Por su entrega a favor de los cautivos y su vida de servicio a la Orden que ha fundado, san Pedro Nolasco es para nosotros el signo más cercano del amor redentor de Jesús y el realizador más perfecto de la obra liberadora de María. Por eso procuramos imitar su vida, continuamos su acción dentro de la Iglesia y le veneramos como Padre.
(COM. Nro.8)

El espíritu mercedario supone fundamentalmente el descubrimiento de Cristo que continúa padeciendo en los cristianos oprimidos y cautivos, expuestos a perder su fe; y asume el compromiso práctico de caridad poniendo la propia vida al servicio de estos hermanos para que vivan la libertad de hijos de Dios. Por eso, los mercedarios debemos ser fuertes en la esperanza del Reino de Dios.

Viviendo estas tres virtudes experimentamos a Dios como poder de redención, que se ha encarnado por Jesús en nuestra tierra.
(COM. Nro.9)

Dentro del pueblo de Dios e inmersos en la tradición de la vida religiosa, fundamentamos nuestra actividad apostólica y la ejercemos formando una comunidad de hermanos que habitan unánimes, teniendo “una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios”.(COM. Nro.10)

El tesoro espiritual de nuestra Orden se ha enriquecido a lo largo de los siglos con la santidad de muchos religiosos que fundados en la Eucaristía, ha cultivado el espíritu redentor, han propagado como misioneros la fe de Jesús, han extendido el amor a la Virgen María y han sellado, aún con la propia sangre, sus misterios al servicio de la Iglesia. Por. Eso, nos preocupamos por conocer y amar a la Orden, impregnando con su espíritu nuestra vida individual y nuestra acción apostólica.
(COM. Nro.11)

El espíritu de la Merced está formando un conjunto de Institutos religiosos y asociaciones de laicos que han ido surgiendo a través de los tiempos. Todos ellos apelan al mismo fundador originario, san Pedro Nolasco, a quien a veces se encuentran asociados otros fundadores particulares; se comprometen a realizar, de formas diversas, una misma misión liberadora y se sienten unidos por un mismo amor a la Virgen María bajo la advocación de la Merced. Estos Institutos y asociaciones cultivan un mismo espíritu, promueven lazos de fraternidad y forman la Familia Mercedaria.
(COM Nro.12)